En la región de Huánuco, se estima un inicio de vida sexual entre los 12 y
14 años, con una presencia considerable de vaginosis bacteriana (52,9% de los
casos de ETS), siendo la patología más frecuente de esta región, sin desestimar la
pichari y la vulvovaginitis. En el caso de Junín, se ha dado una fuerte presencia de
la vaginosis bacteriana y de tricomiasis. En Ucayali, el inicio de la vida sexual
ronda los 14-16 años, con presencia considerable de enfermedades virales en
gestantes, como el VIH. En Lima, se ha visibilizado el VIH, Enfermedad de
Chagas, sífilis, entre otras enfermedades. En la Amazonía peruana se ha dado un
aumento de las conductas sexuales de riesgo, vinculadas a los inicios tempranos
en la sexualidad (12-14 años), asociados a la falta de educación de comunicación
familiar, con un aumento alarmante del VIH (Urquía et al., 2023).
Por tanto, resulta necesario implementar programas educativos que
garanticen que la educación sexual y reproductiva no quede en discusiones
teóricas, sino que evidencien resultados positivos en la vida de niños, niñas,
adolescentes, familias y comunidad. Se requieren de estrategias innovadoras,
inclusión, modernización de la escuela, aplicación de didácticas centradas en la
diversidad estudiantil y pedagogías de atención personalizada (Cárdenas, 2015).
La prevención de las enfermedades de transmisión sexual requiere de un
abordaje integral, que combine la educación, métodos de protección y políticas
públicas específicas en la materia. Los programas de intervención educativa,
acompañada de campañas sanitarias, atención médica y psicológica, pueden ser
efectivos para mejorar estas cifras en la nación.
En lo tocante a la intervención educativa, Burgos et al. (2019) consideran
que la intervención educativa se da para solventar algún problema específico,
lograr objetivos o conseguir metas planteadas dentro de los espacios educativos.