Entre las franquicias peruanas más destacadas se encuentran cadenas
gastronómicas como Pardos Chicken, fundada en 1986, que ha logrado expandirse
tanto a nivel nacional como internacional, con presencia en países como Chile y
Estados Unidos. Otra empresa emblemática es Las Canastas, que inició
operaciones en 1989 y ha establecido franquicias en diversas regiones del país,
además de planificar su expansión hacia mercados internacionales como
Colombia y Ecuador. Asimismo, La Lucha Sanguchería Criolla, fundada en 2009,
ha logrado posicionarse en el mercado internacional con locales en Chile, México
y Colombia (Vera Oliva, 2018).
No obstante, a pesar de estos avances, el sector de franquicias en el Perú
enfrenta desafíos significativos. La concentración de operaciones en Lima, que
alberga el 95% de las franquicias, refleja una distribución geográfica desigual,
limitando el acceso a este modelo de negocio en otras regiones del país (Ludeña,
2013). Además, el principal factor de que no existe regulación clara y taxativa
sobre el contrato de franquicia, a diferencia de otros ordenamientos jurídicos, los
cuales garantizan una seguridad contractual inviolable y eficaz de mantener una
actividad comercial, hace que el Perú no sea un lugar óptimo para poder invertir,
por lo tanto, no habría empleo y la economía del país disminuiría progresivamente.
Por eso, a continuación, desarrollaremos, estudiaremos y criticaremos a
profundidad una figura análoga al contrato de franquicia que sí está regulada en el
ordenamiento jurídico peruano: el contrato de licencia comercial.
En el contexto de la legislación peruana, los contratos de licencia comercial
son herramientas jurídicas fundamentales que permiten a una parte, conocida
como licenciante, conceder derechos específicos a otra, el licenciatario, para
utilizar determinados activos intangibles protegidos por la propiedad intelectual.