uno de él titulado «La teología espiritual de santo Tomás de Aquino». En dicho
texto, Beuchot estudia las ideas que el Aquinate habría recogido de san Agustín o
de la corriente que guardó sus ideas y su influencia. Es, ciertamente, un
planteamiento que luce original, dado que pocas veces encontramos la atención
puesta sobre la posible incidencia del pensamiento del obispo de Hipona en el
pensamiento de santo Tomás, ya que lo más común es examinar la correlación de
sus ideas con las de Aristóteles y los peripatéticos posteriores.
De los textos de la edición es el que nos parece, estilísticamente, mejor
escrito y, de hecho, es placentero leerlo, cosa que, por desgracia, no suele ni puede
decirse de muchos textos filosóficos, sobre todo en nuestra época. Comienza con
una exposición de los propósitos del texto, luego una breve biografía de santo
Tomás, un examen de la obra del mismo, y ya después de estos proemios de breves
páginas, entra en el tema examinando la espiritualidad del Aquinate, la cual
resume como el proceso de alcanzar la perfección cristiana. Agrega los conceptos
de la ascética y la mística como partes de ese proceso, en el cual es central también
el concepto de la gracia divina, la cual se despliega en las virtudes sobrenaturales
(fe, esperanza y caridad) y que resulta en los siete dones del Espíritu Santo
(sabiduría, inteligencia, ciencia, consejo, piedad, fortaleza y temor de Dios). Tales
dones refuerzan y perfeccionan las virtudes, y serían como un complemento por
parte de la gracia al esfuerzo del alma por obtenerla.
Un poco más adelante, el autor del estudio se refiere a la contemplación
oblativa, cuya descripción y desarrollo estarían contenidos en las que fueron sus
obras si no principales, las más famosas del Aquinate, que fueron su Summa
Theologica y la Summa Contra Gentiles. Según Beuchot, tres preguntas guían las
reflexiones de santo Tomás en esto: «“¿Quién es Dios?”, “¿Qué es Dios?”, y