género y excluye sistemáticamente a las mujeres como agentes históricas con
capacidad transformadora (Álvarez, 2022; Salazar y Leyton, 2025).
A pesar de los aportes de la historiografía feminista y de los marcos
normativos que promueven una educación no sexista, persiste una desconexión
crítica entre la producción académica y los contenidos escolares vigentes. Para
Álvarez
(2021), las mujeres suelen figurar como actores subordinados,
representadas en función de roles asistenciales, afectivos o decorativos, lo que
consolida una visión reduccionista y despolitizada del pasado nacional. Esta
configuración discursiva, según Díaz y Puig (2020), no es solo un déficit
representacional: es una forma de violencia epistémica que limita el desarrollo
del pensamiento histórico, reproduce estereotipos estructurales y restringe el
horizonte de ciudadanía de las nuevas generaciones.
Si bien existen estudios previos (Minte y González, 2015; Fernández,
2017; Díaz y Puig, 2020; Álvarez, 2022; Salazar y Leyton, 2025) que han
abordado la exclusión de las mujeres en los textos escolares, todavía es escasa la
investigación cualitativa que explore en profundidad los mecanismos discursivos
que sostienen dicha invisibilización, especialmente en el contexto chileno del
siglo XX. Además, se advierte una ausencia de trabajos que articulen, de manera
sistemática, el análisis textual, visual y pedagógico de los manuales escolares
desde una perspectiva hermenéutica y de justicia epistémica. Este vacío limita la
comprensión crítica de cómo se configura el relato histórico escolar en relación
con el género y, por ende, impide avanzar hacia propuestas pedagógicas más
transformadoras. El presente artículo busca precisamente cubrir ese vacío,
ofreciendo un abordaje original e integral que, desde una matriz categorial
robusta, desentraña las lógicas de visibilidad, omisión y subordinación del sujeto