
ISSN 2660-9037
CLÍO: Revista de ciencias humanas y pensamiento crítico / Año 3, Núm 6. Julio / Diciembre (2023)
Iwona Stoińska-Kairska
Orquesta Sinfónica de Maracaibo. Los músicos polacos y su contribución a la cultura musical de Venezuela... PP: 99-126
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Esa noche ya no volvimos a acostarnos. Comenzaron las deliberaciones y los preparativos
acelerados. Primero los listados (partituras, accesorios para el instrumento, ropa) y luego las
compras. En Polonia, a nales de septiembre del año 1972, conseguir una camisa de manga
corta, pantalones cortos o sandalias no era ni obvio ni fácil. Sin embargo, al nal todo se
completó y las maletas estaban hechas. La aventura de la vida había comenzado, porque de
lo contrario, cómo llamar de otra manera esa escapada hacia lo desconocido. Así es como el
propio participante de la misma, mi padre Eligiusz Stoiński, describió el viaje:
“13 de octubre de 1972. Me alegro de que por n nuestra familia tenga a un pariente “en América”. He aquí
algunas palabras sobre nuestro viaje. En París, asumí una especie de liderazgo de tutela sobre nuestro grupo
de 20 personas, lo cual se debió principalmente al hecho de que mis colegas no hablaban francés. En París,
hemos acumulado bastantes impresiones, nuestro equipaje fue felizmente recogido y nos montamos en el
poderoso “Jumbo” el que, en una hora y media, nos trasladó a Madrid. Allí, tuvimos una hora de descanso
para repostar el combustible y cargar nuevos pasajeros (en el avión cabían más de 400). En el aeropuerto de
Madrid, me convertí en especialista de castellano (y sigo siéndolo en la orquesta). Tras 10 horas de vuelo, ate-
rrizamos en el aeropuerto de Maiquetía, cerca de Caracas, a las 2 de la madrugada, con 5 horas de diferencia
entre Venezuela y Polonia. En el aeropuerto nos esperaba el consejero cultural de la Embajada de Polonia. En
Maracaibo, a donde llegamos en un avión más pequeño a las 4 de la madrugada, nos recibió toda la orques-
ta en su formación de entonces, y el vicepresidente de la Sociedad de Amistad Venezolano-Polaca, Wojciech
Karmowski, un polaco que llevaba muchos años viviendo en Venezuela. Al parecer, era él quien estaba muy
interesado en que la orquesta estuviera formada por polacos y se alegró mucho de nuestra llegada. Desde
París vino con nosotros una violinista francesa, con su marido violista, tres hijos y cuatro gatos.
Nos dieron una cálida bienvenida y nos alojaron en el Hotel Kristof, dirigido por eslovacos. Todo el primer
día transcurrió en bienvenidas y agasajos.
Empezamos a trabajar el día 9 de octubre con un total de 50 músicos. Para el primer ensayo nos llevó
al teatro la esposa del director Rahn (como ya se ha dicho, en aquellos carros americanos cabían cinco
o, si se apretaban un poco, hasta seis pasajeros, además del chofer). El ensayo comenzó con una con-
versación social, café, el debate sobre los planes. El director me pidió que sirviera de intérprete, tanto de
francés como de castellano. Así que paso horas enteras hablando, viajando cada vez con otra persona
en esos enormes vehículos. He recogido tantas impresiones que sería difícil describirlas. Realmente es un
mundo completamente diferente.” (carta E.S. de 12/10/1972)
Los días 24 y 27 de octubre (1972) tuvieron lugar los primeros conciertos sinfónicos, gratui-
tos, con una sala llenísima. Al cabo de tres meses, en enero de 1973, la orquesta contaba ya con
32 músicos polacos, un poco más tarde llegaron tres más y la pianista, Elżbieta Sobkowicz. Mi
padre escribía:
“De esta manera se ha formado otra orquesta polaca más, ya que la formación completa
son ahora 60 instrumentistas. Los venezolanos, los italianos y otras 15 nacionalidades están aprendien-
do con urgencia el idioma polaco, porque a los nuestros no les va muy bien con el castellano. Pues, es
necesario encontrar un idioma común para toda la orquesta.”
(carta E.S. de 04/12/1972)
Al comienzo, los músicos se concentraban en los asuntos de cada día, en ir conociendo la
ciudad y, por supuesto, trabajar en la orquesta. Sin embargo, al cabo de poco tiempo, cuando
por la ciudad corrió la noticia de que habían llegado músicos del extranjero, los marabinos