El Neocolonialismo de las Vacunas. La Palabra y el Acto Humano.
Salvador Cazzato Dávila
Universidad de Zulia
salvadorcazzato@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-3255-6700
Camilo Andrés Vargas Machado
Universidad Cooperativa de Colombia
https://orcid.org/0000-0003-0993-358X
Resumen
En el presente trabajo se analiza la situación generada por la distribución desigual de vacunas
que -a nivel internacional- se ha presentado en el marco de la epidemia generada por la COVID-
19. Para ello se utilizan los conceptos de «acto» y «palabra» derivados de las tesis teórico-
políticas de Hannah Arendt (1993), con lo que se buscó evidenciar la situación de
neocolonialismo de las vacunas derivada de esta situación, desde la deconstrucción filosófica
de para plantear la impostergable consecuente del neocolonialismo de la salud, que permitió
inferir cómo los Derechos Humanos no son el eje central de los discursos ni de las praxis
nacionales y estatales de los sistemas de gobiernos de Países con economías más estables y
fuertes, ya que las decisiones y conductas reflejan los intereses de los actores principales de los
Estados Nacionales que tienen respaldo económico para la compra a gran escala de vacunas
contra el COVID-19. Los cuales a su vez son los protagonistas de un fenómeno sociopolítico
que puede ser categorizado como neocolonialismo global de la salud, que se presenta como un
fenómeno del neocolonialismo que empiezo con los acuerdos de confidencialidad firmados
entre los Estados de los países y las corporaciones farmacéuticas, dentro o fuera de COVAX
en el año 2020. Concluyendo que la compra masiva de vacunas fuese sometida a un carácter
de exclusividad para adquirir los lotes, donde se revela algunos factores de discriminación o de
no inclusión, afirmando que COVAX no cumplió con el fin para lo que fue creado inicialmente.
Palabras clave: Acto humano, COVID-19, neocolonialismo, palabra, poder.
Abstract
This paper analyzes the situation generated by the unequal distribution of vaccines that -
internationally- has occurred within the framework of the epidemic generated by COVID-19.
For this, the concepts of "act" and "word" derived from the theoretical-political theses of
Hannah Arendt (1993) are used, with which it was sought to demonstrate the situation of
neocolonialism of vaccines derived from this situation, from philosophical deconstruction of
to raise the urgent consequence of neocolonialism of health, which allowed us to infer how
Human Rights are not the central axis of the discourses or of the national and state praxis of
the government systems of Countries with more stable and strong economies, since the
decisions and behaviors reflect the interests of the main actors of the National States that have
economic support for the large-scale purchase of vaccines against COVID-19. Which in turn
are the protagonists of a sociopolitical phenomenon that can be categorized as global health
neocolonialism, which is presented as a phenomenon of neocolonialism that begins with the
confidentiality agreements signed between the States of the countries and the pharmaceutical
corporations, inside or outside COVAX in the year 2020. Concluding that the massive purchase
of vaccines was subjected to an exclusivity character to acquire the lots, where some
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discriminatory or non-inclusion factors are revealed, stating that COVAX did not comply with
the purpose for what was initially created.
Key Words: Human Act, COVID-19, Neocolonialism, Speech, Power.
Introducción.
Desde el año 2020, el lebenswelt (modo de vida) (Schutz, 1984, pág. 25), de buena parte
de la población mundial fue afectado y modificado por la COVID-19, enfermedad causada por
el virus del SARS-CoV-2 y sus distintas variantes. Su aparición modificó las costumbres y
formas que obedecían a los parámetros de normalidad establecidos y construidos
históricamente. Lo que ocasiono que cada cultura, Estado y Nación tomara medidas de
prevención, planificaciones y políticas de salud pública ante la amenaza inminente del
patógeno (Kaffure, Pellegrini, & Navas, 2021). Sin embargo, la voz oficial empoderada que se
manifestó a nivel mundial, por los distintos medios de comunicación, redes institucionales y
políticas fue la del Doctor Tedros Adhanom Gebreyesus; Director de la Organización Mundial
de la Salud (en adelante OMS) (OMS, 2017). Quien con sus declaraciones y pronunciamientos
marco el ritmo de las recomendaciones e inquietudes de los organismos de la salud que se
dedicaban a investigar e intervenir frente a la presencia del virus.
Los resultados de las investigaciones sobre el SARS-CoV-2 han sido beneficiosos o
favorables dependiendo de los criterios con que se les evalúe, pero es claro que la COVID-19,
vino a alterar la normalidad de vida en todo sentido: económico, político, social, educativo,
sanitario entre otros (Mercola & Cummins, 2021). Así mismo, la zozobra causada no solo
obedeció a los eventos que acontecían en el planeta sino también a que a este panorama se le
añadieron eventualidades como discursos, conductas y actuaciones que cada nación -con sus
sistemas y representantes de gobiernos- asumieron o dado el caso dejaron de asumir (Avalos,
2022). Frente a las múltiples vicisitudes que la extensión global del virus produjo, las posibles
decisiones, conductas y vías asumidas por los distintos regímenes políticos fueron diferentes,
pues estas se extendieron desde el uso obligatorio de la mascarilla hasta la racional y anticipada
compra masiva de biológicos, para prevenir la mortalidad o minimizar los efectos nocivos del
Coronavirus en sus poblaciones. La alteración de la cotidianidad a nivel personal, familiar,
sociopolítico y económico (Martín-Corral, 2022) llevaron a los gobiernos a apoyarse en
decisiones normativas [decretos, leyes, resoluciones administrativas] que -desde su creencia
ideológica- se justifican para suscitar el acatamiento por parte de la ciudadanía al mismo tiempo
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que mitigar el impacto de los discursos centrados en las condiciones estructurales de pobreza,
desigualdad social y económica que fueron evidentes durante la pandemia, desencadenando
sentimientos de resistencia y desaprobación de las medidas normativas a partir de las cuales se
percibe que se vulneran principios como la tolerancia, solidaridad y la cooperación, formulando
interrogantes respecto a el acatamiento de la autoridad en situaciones de crisis (López-López,
Velandia-Morales, & Alzate, 2020, págs. 257-260).
Partiendo desde la mirada analítica de Moscovici (Moscovici, 1976), la difusión y
propagación de información respecto al COVID -19 no fue suficientemente clara, lo que
determinó una relación distante entre el gobierno y la ciudadanía, ocasionando el aumento tanto
de la sensación de incertidumbre como la disminución de la percepción de autoeficacia o la
sensación de que es posible avanzar en medio de la adversidad. Sin considerar que la pandemia
de COVID- 19 se enmarca en un hecho social de gran impacto, no solo por las numerosas
víctimas directas e indirectas que deja sino por el miedo generado a partir de las limitaciones
en las interacciones sociales las cuales desde los protocolos de autocuidado y el distanciamiento
social, se provocaron cambios en las formas de laborar, estudiar entre otros, con el riesgo de
que el miedo fuera el detonante de la indiferencia y apatía que llevará a disminución de la
cohesión social, afianzando una actitud autoritaria.
En ese momento histórico, algunos países estaban en comprobada capacidad de
comprar cantidades necesarias de vacunas, ante lo cual era de esperarse que la reacción de la
OMS frente a las adquisiciones desmedidas de vacunas de parte de algunos países conllevaba
a realidades de profunda desigualdad o disparidad que afectaría la atención de los sistemas
públicos (López, 2021) que tenían por objetivo conservar el estatus de salud de la demografía
tal como le correspondía resguardar o proteger. De tal forma que, frente a este panorama, las
opiniones de personajes de envergadura pronunciaron advertencias.
Un ejemplo de ello fue el ya mencionado director de la OMS, quien vaticinó una
periodicidad crítica:
-[D]onde países priorizan vacunar a sus propias poblaciones antes que a las
de otros paísesdeja al mundo vulnerable a una pandemia aún más
prolongada, dado que la OMS estima que la pandemia del coronavirus solo
va a terminar cuando el 70% de la población global sea inmune. Se predice
que 500 millones necesitarían ser vacunadas en la región de las Américas para
controlar la pandemia, aunque los pronósticos fueron antes del aumento de
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las variantes como Delta y Ómicron. (Adhanom Gebreyesus, citado por OMS,
2022)
En este mismo sentido, se debe recalcar que ciertas opiniones públicas emitieron
matrices de juicio a partir de lo expresado por Adhanom Gebreyesus, quien vaticinó un
escenario mundial remarcado por las causas de inequidad antes señaladas. Lo cual llevó a que
las miradas públicas ya no estaban puestas en los azotes o coletazos del denominado COVID-
19 (ONU, 2020). Así, la combinación de los estragos múltiples del coronavirus y las erradas
decisiones de los Estados de determinados gobiernos patentaron una realidad: un nuevo
neocolonialismo.
Neocolonialismo de las vacunas y ejercicio del poder político
El neocolonialismo, en el mundo contemporáneo ha adoptado otras dimensiones, otras
características y actores (Zea, 1971). Pues ha adquirido nuevos sentidos, provenientes de una
complejidad inusitada que se originó con la situación mundial de la pandemia, donde sus
dimensiones abocan la mirada analítica tanto al ámbito de lo sanitario como de la salud global
de todos los habitantes del planeta. Sin embargo, con un mundo de países en un marco de
capitalismo y complejidad global cambiante en sus formas de expresión, se funda ahora en
otros mecanismos instrumentales referidos a la disparidad e inequidad social que se decanta en
el evento de la distribución global.
Puede percibirse una desigualdad remarcada a raíz del acento puesto por diversas
naciones que con sus particulares capacidades económicas- impulsaron compras de dosis y
vacunas suficientes para proteger a sus poblaciones de la eventualidad del contagio. Este
acontecimiento humano-estatal produjo también un fenómeno en el estado de indefensión que
brotó de países con situaciones económicos limitadas, los cuales no podían resguardarse. En
este sentido, Haití y Mali fueron casos extremos posibles a considerar para su estudio. Esta
situación es un ejemplo de cómo la inhumanidad atenta contra las vidas humanas de las
poblaciones más afectadas.
A través del análisis efectuado, se infiere cómo los derechos humanos entre éstos, el
derecho a la vida- no son eje central o prioridad de los discursos ni de las praxis nacionales o
estatales de los sistemas de gobiernos de países con economías más estables (Velasco, 2021),
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naciones del llamado Primer Mundo, las cuales han estado en la capacidad de operar con un
número superior al suficiente para prevenir el contagio de la enfermedad.
Por ello, se determinó que los derechos humanos fundamentales fueron trastocados si
se pretendía, utilizando las expresiones de Adhanom Gebreyesus, concretar «globos
inmunizados» o «rebaños masivos». Esta finalidad no obedece a las prioridades estatales
porque los derechos humanos no son fundamentales en . Lo cual se observó en que hubo
decisiones desprovistas de sentidos personales de solidaridad, dignidad, sentido común o
respeto por el modus vivendi planetario, desconociendo lo planteado por las Naciones Unidas
cuando indican que los derechos humanos son indivisibles por tanto no hay espacio para la
exclusión de individuos y colectividades y el privilegio de los unos sobre los otros (Sabucedo,
Alzate, & Domenico, 2020).
La potestad de autonomía nacional -entendida como la capacidad de tomar sus propias
decisiones gubernamentales en búsqueda del acatamiento por parte de la ciudadanía- reposa
históricamente sobre un pensamiento anterior de la época de modernidad. Por ello, esta
autonomía ha persistido con políticas y procesos propios que arrastran a la fecha como el
estatismo o la burocracia, los cuales sirven de justificación para la oratoria y las acciones de
regímenes contrarios a los principios sostenidos por la OMS. Por lo cual, resulta cuestionable
la emergencia de este fenómeno de neocolonialidad, ahora redirigido a la salud pública
mundial. Donde las decisiones particularistas de algunos jefes de Estado que desoyeron las
recomendaciones de la OMS causaron disparidad y desbalance en la distribución, generando
inequidad en los suministros de vacunas para contrarrestar el coronavirus. De tal forma que no
es fortuito que la OMS lo haya mencionado reiteradamente en sus discursos y documentos.
Pues, se puede reiterar que surgieron así los «nacionalismos de las vacunas», expresión
propuesta por el propio Director Adhanom Gebreyesus. Ya a partir de agosto de 2020, la OMS
advertía de esta posibilidad. Para entonces, determinados países mostraban un interés particular
alineado por la serie de vacunas que estaban en fases de experimentación.
Porque se les publicitaba en momento indebido, mostrando la evidencia que sus
directrices que apuntaban fuera del radar del entonces recién creado sistema mundial de
vacunas, nombrado como COVAX (OMS, 2022). Por lo cual, este «interés creado» -para
utilizar la expresión de Jacinto Benavente- se traduciría en una directriz y una práctica a seguir
de parte de variadas potencias mundiales (1907). Sobre el cual el ejemplo más emblemático
fueron los Estados Unidos.
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De tal manera surgió COVAX como una plataforma global creada en abril del año 2020
por la OMS, la cual tiene como objetivo fabricar, desarrollar y distribuir equitativamente los
productos biológicos de las vacunas (UNAM, 2021). Esta ha estado a cargo no solo de la OMS,
sino con participación de Francia con alianzas público-privada crean la Alianza Mundial de
Vacunas, aparte de ser un mecanismo creado para coordinar dichas finalidades (COVAX,
2020), este mecanismo global -vale la pena acotar- cumplió sus funciones a lo largo de casi
todo ese año; so pena de intereses nacionales que intervinieron para obstaculizar en algún
instante sus funciones.
Para ese momento, fue de conocimiento público, que el primer País en aplicar las
primeras dosis fue el Reino Unido, pese a que el primer ministro Boris Johnson había negado
meses antes la efectividad del biológico. Ante los alcances de la enfermedad en algunos países
y los picos epidémicos alcanzados, rectifico su postura ante el flagelo virológico para diciembre
del 2020 (Euronews). Poco a poco, Estados Unidos y Francia comenzaron a replicar intereses
nacionales particularistas, no ocultando sus pretensiones de velar, resguardar y asegurar los
primeros encargos masivos de vacunas anti-COVID-19 (Pacheco, 2021). Ya para el 15 de
enero de 2021, más de las tres cuartas partes de las vacunas masivas estaban dirigidas y
contingentes habían ingresado a países desarrollados de altos recursos económicos. Con
respecto a los países de ingresos bajos, solo el 11% de la población mundial tenía acceso a la
primera dosis por la menor medida (Harrison, 2022).
Frente a esta situación, el Director de la OMS Adhanom Gebreyesus no tuvo más opción
que difundir una advertencia e inquietud global, sobre las limitaciones no se localizaron sólo a
las vacunas: hubo «momentos breves» de «crisis sin precedentes» en lo tocante al área de
producción de mascarillas o ventiladores suficientes para determinados (BBC, 2021) espacios
regionales o nacionales [cabe recordar cómo la India fue un foco masivo de la pandemia y
crisis]. Asimismo, advirtió que para que este episodio infortunado no volviera a suceder debían
tomarse medidas en conjunto de los países para no generar desigualdades abismales en la
distribución mundial de los biológicos antivirales, previniendo de esa forma la prolongación
innecesaria de una pandemia que pueda evitarse convertirse en una endemia catastrófica.
Se evidenció así que el desarrollo y el poder de los Estados no es suficiente para mitigar
la pandemia. Por tanto, es necesario considerar la resiliencia economía y sociopolítica desde la
relación entre países. En este sentido, el director de la OMS señaló:
Si bien existe un deseo entre los líderes de proteger primero a su propia gente,
la respuesta a esta pandemia debe ser colectiva. Esto no es caridad, hemos
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aprendido por las malas que la forma más rápida de poner fin a esta pandemia
y reabrir las economías es comenzar por proteger a las poblaciones de mayor
riesgo en todas partes, en lugar de a la población entera de solo algunos países
(citado por Noticias ONU, 2020)
De esta manera, se evidencia que la inequidad y desigualdad social de la distribución
de las vacunas pudo prevenirse desde 2020, evitando el fenómeno de la disparidad, es cual
agravó la problemática a tal punto que aún para abril de 2022- tenía un índice de afectación
mundial significativa.
Intencionalidad Premeditada y Neocolonialismo
Se identifico que imperara la intencionalidad premeditada de algunos países [Estados
Unidos, Francia, Reino Unido] en los que el alcance de la compra de vacunas dependió de la
capacidad de compra de cada país. Frente a lo cual se buscó obtener dosis necesarias para
inmunizar, pudiendo incluso comprarlas por vía contrato, obviando los exhortos y reclamos
moderados de la OMS. Como se señaló, esto no fue un evento aislado: ya desde 2020 se
observó ese tipo de orientación. En relación a lo cual Chase Harrison supo expresar
concisamente esta relación cuando afirmó que la comprar de vacunas para el covid-19 dependía
del factor del valor existente, manifestando que: la adquisición de las vacunas está supeditada
al valor real de compra de las mismas, los cuales -como Estado Nacional- no poseen ni las
facultades como tampoco la voluntad política de concretar la cancelación de las dosis
necesarias para prevenir (Harrison, 2022, pág. 2)
Esta referencia ilustra el escenario mencionado, lo que sumado a la negligencia de
ciertos gobernantes por la adquisición efectiva de los biológicos retrovirales, avivo y atizo los
grados de inequidad que se han vertido sobre la salud poblacional global, afirmación que no
incluye la profundidad de las especificidades de las problemáticas que signan a cada país.
Evidentemente, cada Nación tiene sus problemas particulares, las cuales reflejan
especificidades en las políticas y los sistemas de salud que los caracterizan y diferencian a unos
frente a otros. Estas diferencias obedecen, en mayor o menor medida a las pésimas o regulares
políticas de salud aplicadas por décadas por los gobernantes de turno con carencia de una
voluntad política hacia esta área. Dicho de otra forma, la voluntad de los regímenes políticos
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diversos ha hecho caso omiso o desatendido áreas claves para la planificación general de
prevención ante el virus. Demostrando su empuje al ingresar proporcionalmente a cualquier
nación que intentase mantenerse al margen de las recomendaciones sanitarias de los
organismos mundiales.
Por ello, no hubo intencionalidad ni voluntad política de algunos gobernantes para
evitar costos mayores a la población de un determinado territorio en lo que respecta a
decisiones sobre las políticas de salud pública y estatal. Ya que la concreción de esa voluntad
política preventiva de ciertos Estados nacionales occidentales fuese fructífera y beneficiosa si
hubiesen reaccionado con presteza y haber actuado a tiempo coloco en ese estado de
desafección las poblaciones involucradas.
Las decisiones y conductas reflejan los intereses de los actores principales de los
Estados Nacionales los países occidentales más que todo- que tienen respaldo económico para
la compra a gran escala de vacunas contra el COVID-19. Estos son los protagonistas de un
fenómeno sociopolítico que puede ser categorizado como «neocolonialismo global de la
salud», situación que aún permanece sostenido por la brecha entre el bienestar social o común,
el entramado de intereses del Estado gobernante y la población nacional a la cual está destinada
los ingentes cargamentos de vacunas adquiridos por sus regímenes.
Este ha sido, sin lugar a dudas, un fenómeno socio global creado y generado por los
sujetos políticos que lo escenifican desde finales del año 2020 cuando aparecen los primeros
sistemas biológicos de las diferentes vacunas aprobadas porque son aptas experimentalmente
de ser aplicadas a los primeros grupos humanos. En este referente el Gobierno de Reino Unido,
a pesar de haber sido reticente en su inicio fue quien planteo el objetivo de combatir, mermar
o inmunizar los efectos nocivos contra la salud de la población mundial adquiriéndolas, impero
la racionalidad en el proceso. Donde puede estimarse la fecha que este fenómeno del
neocolonialismo empieza debido a los acuerdos de confidencialidad firmados entre los Estados
de los países y las corporaciones farmacéuticas, dentro o fuera de COVAX, momento en que
se dieron a conocer públicamente algunos retrovirales que habían aprobado las fases positivas
de experimentación.
Si bien algunas naciones reaccionaron tarde, pese a los primarios resultados positivos
en agosto de 2020, otras mostraron tanto negligencia como voluntad e intención política
temporáneamente de prevenir situaciones de desastres humanos endémicos [p.e. India]. En
todo caso, otros Estados nacionales supeditaron a sus intereses creados o económicos que
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primaron por encima del sentido común del bienestar común (Vargas, 2019, págs. 37-38)de la
humanidad. Lo cierto es que la priorización de estas variables de interés sobredimensionó la
vulnerabilidad de la salud y sanitaria de determinadas sociedades en particular, pobres- que
premeditadamente fueron sometidas a una obligada mortalidad o, en dado caso, a una serie de
padecimientos evitables.
Así que el exponer las condiciones nacionales de salud de algunas sociedades
incapacitadas de comprar las vacunas las hacen vulnerable de forma contrarias a los parámetros
reconocidos de bienestar y dignidad. Esto apunta a actores de la talla de los presidentes de
Brasil; Jair Bolsonaro y México; Andrés Manuel López Obrador, quienes abiertamente
desdeñaron temporalmente y no priorizaron las decisiones frente a los escenarios sanitarios
planteados, sometiendo a sus poblaciones a situaciones que en su momento- eran
sanitariamente evitables (Vargas & Cazzato, 2022, págs. 751-753).
En relación a lo aludido hay evidencia de cómo los sistemas de salud de algunos países,
a pesar de las turbulentas provocadas por la aparición del SARS-CoV-2 han retornado cauces
de normalidad. Como cada régimen a través de sus actores primordiales tiene en su poder la
autoridad y la toma de decisiones que conllevan sus actos y sus palabras autónomas en , el
poder de las potencias industrializadas de presidentes hay que recalcar los contenidos de
autonomía de pensamiento y de acción política que ellos encarnan (representando las
voluntades políticas en su mayoría) a priori.
Claro existen otros modos de pensar, de decir y de actuar que redimensionan la manera
de gobernar y gestionar sus políticas sociales y de salud; caracterizándolas. Los predichos
modos o formas de conducirse políticamente en las áreas de salud-sanitaria; estas otras formas
o modos connotan Palabras y Actos de los dirigentes autónomos que pueden ser el target de
perspectivas analíticas-interpretativas más filosóficas que se detallarán.
Arendt y el impostergable consecuente del neocolonialismo de la salud
Generalmente, los nacionalismos políticos son eventualidades históricas-
contemporáneas imparables, y “los efectos” de la pandemia-endemia del citado virus no son
ajenos a la nueva fenomenología de la salud, pues si bien las vacunas tampoco son ajenas a
este proceso complejo de las políticas de publicas de una Nación, tampoco son ajenas las
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revelaciones o reflejos de las eventualidades dignas de ser analizadas bajo el prisma óptico de
Hannah Arendt (1993,2002).
La pandemia-endemia ha generado una fenomenología de eventos con coyunturas
propias. En contexto, en la medida que ésta cubr su trayectoria oscura durante 2020, ponía
en tensión a las políticas públicas, no sólo por las consecuencias de morbilidad y mortalidad.
Ya que fue también relevante de la percepción de riesgos y amenazas y las proyecciones del
problema sanitario y epidemiológico a fin de adquirir las vacunas necesarias; en su mayoría las
políticas de salud colapsaron según lo investigado. Por esto es importante resaltar que quienes
asumirían las decisiones político-sanitarias, en su momento, estaban a cargo de las autoridades
políticas principales, de manera que las compras de las vacunas son actos y decisiones que
parten de las voluntades de éstos, y del papel preponderante que juegan la cantidad de
decisiones estatales que -representan o subjetivamente aglutinan- las intenciones políticas de
quienes votaron por este líder.
Aclarado lo planteado, es menester acudir a la deconstrucción filosófica de la filósofa
H, Arentd mediante la palabra y el acto. Como nos apuntaron Comesaña Santalices y Cure de
Montiel:
Palabra y acto son los modos en lo que los seres humanos se presentan unos
a otros, en la trama de las relaciones humanas, que existe cuando las personas
conviven, y esta trama se da con sus conflictos e intenciones, en el juego de
las libertades es esto lo que muchas veces impide que la acción logre
fácilmente su propósito. La acción y el discurso son pues las manifestaciones
específicamente humanas de nuestro trascurrir vital como personas, como
entre el nacimiento y la muerte: con ellas nos insertamos en el mundo humano
y mostramos quienes somos, revelando nuestra única y personal identidad.
Es, como ya dijimos, un segundo nacimiento en un mundo que ya existe,
cuando venimos a él por vez primera mediante el nacimiento biológico.
(2006, pág. 15)
De tal forma que en tanto el transcurrir vital de los seres humanos, a partir de la palabra
y el acto, se desarrollan; se conforman pautas que nos distinguen al nacer y morir en la vida de
cada ser humano, ese trascurrir vital de los sujetos políticos nacionales no escapa a lo planteado,
en dado caso, porque también pertenecen -ellos- al espectro o dimensión de lo impostergable.
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De tal manera que resulta afirmativa la dimensión de la impostergabilidad, cuando se indaga
acerca de la existencia de la palabra y del acto.
Según H, Arentd (1993, 2002), la palabra connota o denota un modo comunicativo que
no se reduce a éste. Entonces el acto, por otro lado, tampoco deja de ser un modo de concreción
de lo humano, siempre y cuando se entienda que el fenómeno de la impostergabilidad humana
transita por un espectro de consecuencias interminables -de acuerdo con la palabra y el acto-
que desembocan en inconmensurables sin abandonar la interacción de los humanos en sí. Esto
quiere expresar que las acciones de los sujetos o líderes nacionales como Enmanuel Macron -
mirado en lo concreto desde el ángulo analítico de la pensadora- son revelaciones de las
realizaciones que ganan sentido en las complejidad de un proceso radicado en la individuación
autónoma que le deleun colectivo-, pero que pierde terreno en la materialidad de la ética
discursiva, de la ética aplicada (Cazzato, 1999, págs. 82-83) y de bioética actual cuando dichos
dirigentes políticos acogen esas prioridades políticas dirigidas a las poblaciones territoriales
que bajo su autoridad mandataria ejerce.
Como vemos, de acuerdo con lo planteado, puede interpretarse que tanto la palabra
como las acciones de los sujetos nacionales o actores políticos del Estado pierden significado
en lo relativo al bienestar común de lo humano, y en su lugar ganan terreno los marcos
referenciales de una serie de intereses bien determinados que salvaguardan a la población, solo
que este acto no siempre es un indicativo correcto que le proporcione sustancia concreta a los
derechos humanos de cada ser humano, dado caso de conglomerados de personas fuera de los
límites de la nación que se examine.
Como producto de estas palabras y actos aunado a sus decisiones políticos estos líderes
nos revelan la validez y vigencia del enfoque filosófico de Arendt (2002), toda vez que permite
revisar los significados impostergables entre lo que representa o es esa palabra y ese acto. Si
se parte de esta premisa focal las decisiones de dichos lideres son menos humanas si solo
perciben con sentido la población de un país, pero no quienes no son ciudadanos dentro de su
territorio con lo cual se exime también a quienes son franceses, aunque no se encuentren dentro
del espacio gales. De forma que la duda cartesiana o que permita cuestionar esta palabra o acto
vulnero el transcurrir vital de algunos coterráneos europeos.
Asimismo, de manera que los actos que decidan o asuman actores como Boris Johnson
representan modos de interpretación siempre cargados de sesgos o sustratos subjetivos que tan
solo validan el imperativo carácter sociopolítico de un Estado en manos de un líder y quienes
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lo acompañan, pero no por ello descansa sobre contenidos de ética aplicada ni de la bioética
global cualquiera sea su corriente; ciertamente fuese más sensato o de sentido común “trabajar
en las decisiones que permitan salvaguardar o brindar alguna protección a países que colinden
con éste, por ejemplo, Estados Unidos). Si se mira desde América Latina, por ejemplo, Chile
con Sebastián Piñera al frente de su mandato presidencial, hizo una labor encomiable de liderar
programas y planes masivos de vacunación efectivos y eficaces que le ganaron el respeto
efímero de otras naciones que son entendidas como desarrolladas o con ubicaciones en la
OCDE. Ahora, si Chile es un caso digno de valoración, el discurso y el acto de adelantarse con
vacunaciones apremiantes y efectivas antes que otros gobiernos de turno le conceden certeza
analítica a nuestro planteamiento revisionista, así como devela la antítesis filosófica de la
concreción acometida por Jair Bolsonaro en Brasil. Sin embargo, el hecho de que la palabra
fuese congruente con su discurso y los actos previsivos de salud sanitaria en pro de la vida de
los chilenos implica un acto sociopolítico de palabra y acto- que no siempre puede enfocarse
bajo los propósitos reveladores de lo que connota humanidad para Arentd. Piñera también se
previno siendo uno de los pioneros en reservar y subsidiar biológicos contra el COVID-19, aun
cuando sus palabras y sus actos son prudentes no significa que sean congruentes con el sentido
de bienestar general de lo humano ni sea de carácter postergable. Esto le llevó a actuar también
de manera particularista nacional.
En contraste con Bolivia, por ejemplo, mientras trascurrir vital de ellos en la segunda
mitad del año 2020 era otro. Para el primer semestre de 2021, la situación diferencial entre
ambas naciones era significativa. Chile había alcanzado casi un 48% de población vacunada
con primera dosis y 39.4 % con segunda dosis. En contraste, Bolivia -para la misma fecha-
apenas rebasaba el 7% de vacunados con las primeras dosis, no pudiendo alcanzar el 2.5% con
dosis completadas. Cabe acotar que estos últimos dos países fueron ayudados a financiar la
compra de vacunas (OWD, 2021). Asimismo, surgen datos similares con su vecino país
Ecuador cuando su Ministro de Salud alertó que se necesitaba una planificación porque no
había un plan de vacunación definido de ningún tipo para el mismo mes de mayo del año 2021
siendo presidente Lenin Moreno. Sus valores de vacunación eran alarmantes: sólo 9.8% de
vacunados tenían primera dosis. Ni siquiera llegaba a un 2.4 % con dosis completadas para
toda su población. El grupo de países de mediano y bajo ingresos son financiados, y ellos no
tienen que pagar por las vacunas. Las dosis para estos países están financiadas por el
programa GAVI COVAX Advance Market Commitment (AMC por su sigla en inglés), el cual
levanta fondos a través de asistencia de desarrollo oficial, el sector privado y filantropía. Las
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compras de vacunas para países financiados provienen desde COVAX, no del dinero pagado
al sistema por los países autofinanciados. Dicho eso, la meta de la instalación es usar el dinero
de los países autofinanciados y de Gavi COMAX AMC para negociar mejores precios e
incentivar a los fabricantes a aumentar su capacidad de producción. Entre los países de América
Latina, hubo cinco países financiados (GAVI, 2021). A la fecha de la presente investigación,
el mecanismo de distribución COVAX todavía procura subsidiar y subsanar el déficit más
bien brecha- de vacunas en naciones que por mucho no logran alcanzar la inmunidad de rebaño.
Esto se corrobora en el Gráfico 1 enfatizando los casos tanto de Bolivia como de Ecuador.
14
Se hace especial énfasis en que los actores políticos de turnos mediante sus palabras,
decisiones y actos “nacionalistas” revelan concreciones meramente sociopolíticas con respecto
a la política de atención sanitaria; pero que bajo la lupa analítico-critica planteada significa o
configura un irrespeto que vulnera los derechos fundamentales de otras naciones de poder
adquirir efectivamente y con premura la cantidad de retrovirales suficientes para al menos
aproximarse al expectante 70 % de vacunación poblacional -o inmunización de rebaño- como
lo establecen los parámetros de la Organización Mundial de la Salud.
Frente a esto, es necesario inferir de lo aseverado de Comesaña Santalices y Cure de
Montiel que la palabra sin acto es signo o la incompletitud manifiesta de los seres humanos
(2006, pág. 16). En virtud del pensamiento de Arentd, un acto sin el acompañamiento
conjugado de la palabra discursiva tiende a no completar lo que significa ser y estar en el ahora
Figura 1
Número de vacunas COVID-19 entregadas a países latinoamericanos por el sistema COVAX
(mayo, 2022)
Fuente: Elaboración propia a partir de datos Publicados por la Organización Panamericana de la Salud en el 2022.
24,801,300
24,615,240
16,756,800
13,881,600
8,649,260
8,261,670
7,066,000
6,083,250
5,236,840
5,193,810
5,044,830
3,606,250
2,559,930
2,437,170
2,307,800
484,320
463,200
148,800
0 5,000,000 10,000,000 15,000,000 20,000,000 25,000,000 30,000,000
Colombia
México
Venezuela
Brasil
Bolivia
Perú
Argentina
Ecuador
Guatemala
Nicaragua
Honduras
El Salvador
Costa Rica
Paraguay
Chile
Panamá
RD
Uruguay
15
a criterio de ambas. De tal forma que se traduce en un presente inconcluso que no tiene
culminación ni concreción sin la dualidad de las dos predichas formas de expresión humana.
Así pues, es posible inferir que tales decisiones traducidas en el peso de las palabras y actos
desempeñan y revelan el incumplimiento cabal de los derechos humanos fundamentales
entrañan un presente inconcluso o una incompletitud humano-ontológica que consigue soporte
sustancial en la concreción de la compra de retrovirales que acompañada de los canales de
expresión discursiva (la palabra) pero en el sustrato subyacente de lo humano no culmina su
completitud del acto ontológica.
Conclusión
Para abordar esta problemática planteada acerca de los neocolonialismos como el de las
vacunas, los regímenes políticos y la inequidad social que esta produjo existen diversas formas
de análisis interpretativas-analíticas. Una de ellas han sido los aportes de la condición humana
de Hannah Arentd (1993, 2002). En su texto con el mismo nombre la autora propone a través
de categorías precisas como la palabra y el acto eventos de naturaleza social.
En lo que respecta al problema descrito determinados gobernantes de turno con sus
regímenes políticos acogieron decisiones nacionalistas y efectivas que buscaban frenar los
estragos del Coronavirus en sus países, sin que ello signifique un acto humano en si en el
sentido extensivo arentdiano, puesto que la condición humana de los sujetos sociopolítico no
se restringe a las fronteras específicas de una nación como si un Estado nacional pudiese
advertir, controlar o contener un virus con posturas decisivas que favorecen al país, pero
perjudica a tantos otros.
La palabra y el acto expresados por los seres humanos que direccionaron determinados
países destinaron cuantiosos recursos a este propósito desnudando también los oscuros
intereses que los gobiernan. A priori se distinguen por ser los líderes a cargo de una nación, en
la praxis de la Real Politik responden a otros intereses no condicionados a la humanidad o, por
ejemplo, a la preservación de los derechos humanos fundamentales conocidos.
De tal modo que ciertos actores principales se inclinaron a favor de la priorización
nacional, fenomenología que fue auspiciada y potenciada por los regímenes políticos de turno,
bien sea Estados Unidos, Chile y otros tantos, entrañaban palabras y actos que dilucidan o dejan
entrever formas de dominación moderna o posmoderna que atentarían o controvierten la
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equidad y paridad social de la distribución global de las vacunas anti-COVID-19 perjudicando
las políticas públicas de salud de otros.
De manera que el acto de priorizar el resguardo y protección de algunas demografías
nacionales significa y connota que algunos países poseedores de mejores recursos adquieren
eficazmente los biológicos en su momento, pero que también asiste o convoca a la
impostergabilidad de los actos humanos -discordantes con los derechos humanos- remarcados
por las consecuencias inconmensurables de los actos. Las decisiones de determinados sistemas
de gobiernos implicaron poner en riesgo o desabastecer de biológicos retrovirales necesarios a
otros territorios a fin de alcanzar, a toda costa, la distante inmunización de rebaño dos años
atrás.
Cabe inferir que decisiones de peso como las de D. Trump, J. Biden, E. Macron, y S.
Piñera restaron las posibilidades de adquisición de vacunas a otros regímenes políticos que
tengan menos posibilidades de cancelarlas o reservarlas con un anticipo de pago estipulado en
el contrato de compra en su momento dado, lo que la OMS lo venía manifestando con gran
inquietud. La compra masiva y excesiva de los primeros biológicos antiCOVID-19 estableció
un carácter de exclusividad supeditando la condición humana a la voracidad de oferta y
demanda de las diferentes vacunas que saldrían al mercado global por medio del mecanismo
de COVAX. Esta inquietud de quienes están coordinando la OMS se percibe, a ciencia cierta,
el estado de vulnerabilidad y de desprotección de naciones con escasos recursos que no estén
capacidad de acceder con presteza al mecanismo de distribución de COVAX.
El solo hecho de que la compra masiva de vacunas fuese sometida a un carácter de
exclusividad por y para algunos sistemas de gobiernos capacitados para adquirir los lotes revela
factores de discriminación o de no inclusión en lo que respecta a determinados países -con
escasos o medianos recursos- marginándolos de antemano. [p.e. Bolivia, Ecuador]. Así pues,
COVAX no cumplió con ese fin del todo para lo que fue creado. Por el contrario, en casos
puntuales se descartaron -sin la intención tacita de causar daños- a algunos países a raíz de la
misma distribución desigual inter-nacional que se produjo sesgando y vulnerando contra todas
las generaciones de las declaraciones universales de los derechos humanos fundamentales
como lo indica nuestro criterio analítico-interpretativo y filosófico.
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